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Preparar la tierra para la siembra tras el devastador terremoto del 12 de enero
de 2010 era una tarea apremiante. Las ciudades habían sufrido el mayor impacto,
lo que provocó el éxodo masivo de sus habitantes hacia los campos. Los problemas
de seguridad alimentaria se agudizaron y, a fin de llenar sus necesidades de
alimento, la población echó mano hasta de semillas reservadas para la siembra.
El terremoto de Haití, con su saldo de 300 000 muertos, conmovió al mundo. Y la
comunidad internacional reaccionó
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